9/09/2006

LA MANCHA DEL 2000
antología poética del siglo XXI UNMSM 2002
compilación de Gonzalo Espino

Esta antología fue editada en julio del 2002 dentro del marco de la exposición Treinta años de poesía peruana en revistas (1971--2000) además de la exposición de revistas se realizaron conferencias, testimonios y recitales poéticos en los que participaron directores de revistas, criticos literarios y poetas. Estos eventos se relizarón en 5 viernes desde el 14 de junio hasta el 12 de julio del 2002 en el auditorio de la biblioteca central de la UNMSM.


Lo singular de este evento fue que se convocó a los grupos literarios universitarios, que hicieron su aparición a comienzos del año 2000, para que envíen sus poemas para confeccionar una antología. La convocatoria fue amplía pues no solo se incluyo en la antología a grupos literarios de San Marcos como Sociedad Elefante , Coito ergo sum y el Club de la serpiente, sino que también fueron invitados los grupos Cieno de la Universidad católica y Colmena de la Universidad Villarreal.


El último día del evento se presento la antología y se llevó a cabo un recital poético por parte de los poetas antologados. Este recital fue presentado como La movida del 2000. De la antología extraemos un poema de Manuel Vargas.


CONFUSIÓN Y SOMBRAS


Ruídos confusos en una pálida avenida.
El solitario acompañado de todos
observa con ojos de odio a una maldita pareja,
buscando derribar todo un universo lleno de hedor.
Mil siluetas se sienten por el esbelto mural.
Sólo se posa aquella visión que desgarra,
que quiere tocarte y perderlo todo.
El espejo quebrado que ensangrentó tu rostro,
en el que se desnuda tu ocaso.
Y veo tu aroma que se desliza mientras el silencio me asesina.
Sólo el odio aplaca la ira que pierde la inocencia de tu paraíso.

1 comentario:

azurazar dijo...

Poema indocil, grave, agresivo, inaprehensible, un filo de navaja que uno intenta coger solo para seguir cortandose. Me trae a la memoria por unos segundos esos ojos amargos y descompuestos con los que alguna vez se observa y asuma tras los vicillos del desencanto - en el encanto - o viceversa, la caída de la inocencia. Errar y sangrar clamando tal vez sea el primer paso para acceder a un paraiso menos confuso e irreal. ¡Bueno!